Nuestro análisis será realizado dentro del campo de la ética, donde como todos sabemos no existe el poder de coerción para el cumplimiento de sus normas, que por ser morales son netamente voluntarias.
El sujeto en cuestión actuó de manera deshonesta, no solo porque esta mal (moralmente hablando) cobrar dinero para poner una buena nota, sino por su posición de docente, de educador, ya que el educador no solo cumple un papel de informante de su materia, sino que además es un ejemplo a seguir. Su proceder deshonra a la docencia en general y a los docentes en particular. Ya que en general los malos ejemplos y la mala praxis, son mas recordadas que la buenas acciones y procederes. Por lo que el esfuerzo y sacrificio de la mayoría de los educadores se ve grandemente empañado por este tipo de acciones.
Pero ¿que se puede hacer para castigar de alguna manera este accionar del docente en cuestión? Pues no queda otro camino que el castigo moral o civil podríamos decir. Que consiste en el rechazo a ese tipo de acciones por parte de la sociedad, por ejemplo suspendiéndolo de sus actividades curriculares (seguramente en el reglamento interno de la universidad existirá algún tipo de castigo para estas acciones, no lo conozco), no permitirle volver a ejercer la docencia hasta que no demuestre un cambio de actitud (que de todas maneras es muy difícil de determinar), y en caso de que la ejerza (pues seguramente de ello vive) hacerle un seguimiento minucioso de sus actividades dentro y fuera del aula.
Personalmente creo que un docente que es capaz de recibir dinero a cambio de una buena nota, difícilmente vaya a cambiar. Para haber tomado esa determinación, esa conducta era lícita en su escala de valores, lo que le permitió hacer esa elección. Cuando se decidió por recibir dinero tuvo que haber hecho una reflexión previa, para elegir que hacer. Y como vemos se decidió por la coima. Repito, difícilmente esta persona cambie su actitud en este tema, ya que las normas éticas y morales son parte de nuestras elecciones voluntarias de acuerdo a nuestra educación y entorno. Claro que no hay que perder la fe, y tal vez pueda cambiar su proceder, es algo que tendríamos que ver en el futuro, si tuviésemos la oportunidad de poder hacer un seguimiento a este caso.
Seguramente habrá personas que trataran de justificar este proceder, aludiendo a los inconvenientes económicos, bajos sueldos, problemas personales, etc. Pero de ninguna manera podemos entender y menos justificar este proceder, peor aun en una persona que educa a nuestros hijos.
¿Qué clase de moral puede transmitir a sus alumnos un docente que les pone la nota de acuerdo a la cantidad de dinero que le entregan? ¿Cuál su escala de valores?
Este es un tema que no debe tomarse a la ligera, muy por el contrario, debe ser tratado con la seriedad que se merece, llamándonos seriamente a la reflexión.
Con cariño
Caandra
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